1/27/2006

La prima ballerina del Apocalipsis

(publicado el 29/02/04 aquí)

El esnobísimo sello Taschen acaba de publicar un libro de más de 30 kilos, más de 3 mil páginas, más de 200 ensayos y artículos. Sus dimensiones son medio metro por medio metro. Su precio: 3 mil euros. El libro más grande de la historia. Y no es, como muchos quisieran, un tributo a alguna gloria de la literatura universal o, peor aún, de alguna religión universal. Su título, GOAT: Greatest Of All Times. Se trata de un homenaje a Muhammed Alí, considerado el mejor peso pesado de todos los tiempos. El libro fue encuadernado por la imprenta del Vaticano, encargada de las ediciones más fastuosas de la Biblia y el Corán. Otra victoria para el boxeador, que este año celebra su cumpleaños número 60.

George Foreman, su contrincante en Zaire, en 1974, en la que fue quizás la pelea más hermosa documentada por la televisión, llegó a afirmar que el boxeo es el deporte al que aspiran los demás deportes. Es la competencia en su estado perfecto. Uno contra uno, sin balones, sin tiliches. El boxeo es padre y madre de las demás mutaciones de la competencia entre humanos.

Y Alí, bautizado Cassius Marcellus Clay antes de convertirse al islamismo, es el boxeador más completo que haya subido a un cuadrilátero. Con sus 80 kilos, se movía con la gracia y poesía de una bailarina, una prima ballerina apocalíptica lanzando sus golpes teledirigidos, eficaces. Fueron puños invisibles para sus rivales. Pero también fue un boxeador inigualable fuera del ring. El más bocón, el más irónico, el más lúcido, el más atractivo de los púgiles. Son famosas sus ruedas de prensa, contestando en rima: un pregonero de los jabs, un payador del uppercut, un trovador del movimiento de piernas. Fue el primer rapero público. Coherente con su defensa por los derechos civiles de los negros, se negó a ir a la guerra de Vietnam. Eso le costó los mejores años de su vida de pugilista, cuando la Corte le prohibió pelear y le despojó de sus títulos.

Luego regresó por su cetro, a la edad en que el boxeador prudente cuelga los guantes. Volvió, protagonizó el match más memorable de la historia y recuperó el título contra todos los pronósticos, noqueando a Foreman, el gigante que cayó en el octavo episodio fulminado por el uno-dos más lírico que jamás haya conectado púgil alguno. El escritor Norman Mailer, que vio la pelea desde el ringside, cuenta que cuando Foreman iba hacia la lona Alí estuvo a punto de rematarlo con un tercer golpe pero detuvo el puño, como quien no quiso estropear la plasticidad del momento.

Luego vinieron peleas menores, una derrota y la ulterior recuperación del cetro de campeón de los pesos pesados (Alí es el único boxeador que recuperó tres veces la corona). Después llegó el retiro, el honoris causa de Harvard, el siempre inocuo título de Embajador de la Paz de la ONU y el mal de Parkinson, ese rival que lo esperaba desde su nacimiento, allá, escondido en su cumpleaños cuarenta. Como lo espera ahora la muerte con sus guantes de acero, aguardando la campana del último round. Será mejor que la muerte empiece a entrenar.

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2 comentarios:

Solentiname dijo...

Mi frase favorita de Alí era "soy tan rápido, que en la noche apago la luz, me lavo los dientes, me pongo la piyama, rezo, me acuesto y me cobijo y aun está iluminado". Su boconoería siempre me impresionó.

tetrabrik dijo...

un bocón genial, precisamente.