2/27/2006

Homero Pumarol y la bachata incendiaria

(publicado el 05/02/06 aquí)

Sus poemas llegaron vía correo postal a la redacción de la revista miniatura que codirijo. La redacción es mi cuarto pero con la cama tendida. De entrada, sus textos largos, donde los poetas cantantes “vienen por el Malecón desnudos”, “seguidos de los Reyes Magos, Los Ninjas y El Gran Dragón del Espacio”, “haciendo katas de kung-fu a medio día por la calle”, dando “patá y trompá”, me hicieron recordar a Washington Cucurto, el dominicano apócrifo. Ambos dominicanos, ambos carnavaleros, pero éste una especie de Cucurto fármacodependiente.

Empecemos de nuevo. Sus poemas llegaron vía correo electrónico a la redacción de la revista miniatura que codirijo. La redacción es mi cuarto cuando estoy recién bañado y con ropa limpia. Ya desde el primero que leí supe que lo incluiríamos en el siguiente número. Llamé a los amigos interesados en la poesía. Cuatro. Bueno, llamé a tres de ellos, a la otra le envié un correo electrónico. Les comenté un poco y cité esa frase genial con que termina el poema Daydreaming: “Voy camino a Cabo Engaño / Y lo que quiero es dinero”. Tres guardaron silencio. La otra, mi querida NoLeoOtraCosaQueElSigloDeOroEspañol respondió algo tipo la-poesía-no-es-soplar-y-hacer-botellas.

Poco se concluye de lo anterior. O por lo menos nada relevante. Supongo que algo se cumple si uno lee, en piyamas y en el cuarto que luego se convertirá en la oficina de redacción de una revista bonsái, los poemas de otro que, como cuenta él mismo, dejó su país para irse al D.F. “porque tiene metro”. Nacido en Santo Domingo en el 71, autor de Cuartel Babilonia y Fin de Carnaval, dos pilares en la poesía dominicana contemporánea. Homero Pumarol: no es para detenerse en su nombre que de no ser falso, parece. Nombre con la cadencia de sus poemas largos que nada le deben envidiar al ritmo de quién él mismo llama “Nuestro Señor Altísimo, Su Majestad Héctor Lavoe”. De los más breves destaco más bien la construcción sincopada, cocainómana, sin vaselina: el sensei Homero haciendo katas por el malecón, tirando mawashi geris al aire, rompiendo ladrillos con la frente.

Quizás sea cierto que la poesía no es soplar y hacer botellas, pero Homero hace de las suyas bombas molotov. Costa Brava revisited: “Tu sombra se hace cada vez más delgada, / la luz de los faroles me cierra los ojos. / Las casas del barrio son pura fachada, / un mundo plano, sin misterio. / Pensar que tú jugabas debajo de esos faroles. / ¿No es como que te escupan la cara? / Cangrejos retroceden por la calle. / El ruido de sus patas contra el pavimento / hace pequeña mi tristeza.”

Leída en conjunto, su poesía da la impresión de una bachata incendiaria, una comparsa asesina que se abre paso en el metro con partes iguales de humor, sal para las heridas y agua para la fiesta de los winners. Ahí está la Web para quien quiera buscar sus textos y dejarlos abrirse lugar como mejor saben, a “patá y trompá”.

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2 comentarios:

gameover dijo...

otra versión, eh?

Anónimo dijo...

retocada de fijo porque estaba en el otro blog también