10/01/2006

El olor de uniformes rojiamarillos lavados y secados al sol (sigue)

viene

Tengo eso y una tarde dominical del 2003 en que, después de convencerlo, fuimos con papá a ver Herediano vs. Cartaginés.

Así: al estadio a pie, porque es el preámbulo a la liturgia del fútbol. Frente a nosotros, cumpliendo su trayectoria celeste, el sol -diría el gran Gambarotta- sin adjetivos. En silencio, de Santa Lucía al Eladio, papá, mi hermano y yo, seguidos en el asfalto por nuestras sombras que tampoco hablaban. Cuanto más cerca del estadio, más grupos de futboleros. Unos sin signos externos, otros enfundados en los colores del equipo que, como linaje venido a menos, se alejó de sus glorias pasadas hasta convertirse en un club segundón.

Estamos en la boletería. Ahora hacemos fila para ingresar. El estadio y la iglesia son los únicos lugares a los que no se puede entrar en carro, todavía. Pasamos a la gradería de sombra, que a esta hora se trueca en la de sol. Como el estadio es pequeño y los heredianos somos pocos, encontramos a Marcos, hermano de mi padre, y nos sentamos con él. Cuatro hermanos Chaves, dos generaciones. No sabe que ya pasó su temporada, ni le importa, a la bandada de pericos que cruza el cielo bajo el que irrumpe en la cancha el tin florense: el uniforme radiante, casi podemos sentir el olor a limpio, avanzan al ritmo de los cantos, atraviesan el humo de las bombetas como si salieran de una nube. ¿De dónde tanta alegría? ¿Y por qué se contagia?

El partido en vivo y en familia, rodeados del negro-malparido-árbitro-hijueputa y demás sutilezas edificantes de la tribuna. Ya es historia que se abombó la red cartaga en seis ocasiones. Fue una de esas tardes en que todo le salió bien a los jugadores. De haber tenido excavadoras, sacan petróleo del Eladio. En noventa minutos abracé a mi padre y a mi hermano lo que me hubiera llevado tres años (contando uno cada Navidad y cumpleaños).

Esto lo escribo lunes y en tres días el Herediano será campeón o subcampeón, que es peor que descender a segunda. Estoy a miles de kilómetros del Rosabal Cordero, del parque de Heredia, de la casa en la que mamá, ese domingo, esperó que volvieran del estadio los hombres imperfectos de su vida y ellos le narraron felices el partido y sólo ella supo que hablaban de otra cosa.


publicado aquí
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6 comentarios:

Maria dijo...

Puta... me recordaste a mi infancia un monton, la escuela, el pala y a la unica vez que fui al estadio con mi pa y hermanos... casi lloro pero me acorde que tambien soy cartaga.

Floriella dijo...

No, con vos no se puede. A mí el fútbol no me hace ni cosquillas pero este texto me tocó varios nervios. Igual, creo que no estabas hablando de fútbol...

xwoman dijo...

Jamás tuve una tarde de fútbol

:´(

joaquin dijo...

puta chavez se me erizo la piel y me dieron cosquillas en la papada, esas que le dan a uno cuando se emociona, muy tuanis el textillo. Ah y antes que se me olvide: QUE VIVA EL CLUB ESPORSH HEREDIANO

tetrabrik dijo...

atzzzz!!

Asterión dijo...

Ese final, ese final... directo y sutil...

Saludos.