7/10/2008

qué fue de ronald lanzoni

por Luis Chaves (viene)
Este artículo comienza en el kilómetro 30. Los corredores de maratón saben muy bien de qué se trata, a este punto de la carrera se le conoce como “el muro”. Se dice que si uno logra superarlo, termina la carrera; si afloja para descansar un poco, allí se queda. Este artículo empieza, entonces, donde muchos bajan la cabeza, donde los que siguen lo hacen impulsados menos por los pies que por la mente.

Estamos en la sede de la Escuela Nacional de Policía, en Barrio Naciones Unidas (frente al Centro Comercial del Sur), afuera de las aulas, decenas de jóvenes, casi todos hombres, en actitud- recreo. Ronald Lanzoni aparece de pronto en la boca de un pasillo más largo que ancho, después de abrirse paso entre los muchachos que poco o nada deben saber de su expediente deportivo. Es de complexión delgada, de huesos pequeños, lo que llaman una persona menuda. Además, para quienes lo vimos siempre en indumentaria deportiva, vestido de civil parece más bajo.

Más allá, en una silla de barbería frente a un espejo desproporcionadamente pequeño, le pasan la cero a un nuevo recluta. En el otro extremo de un planché bajo techo, sentados en una mesa de comedor de familia promedio, empezamos por el final: ¿Cuándo se retiró del atletismo?

Lanzoni apechuga la pregunta, se ve que no tiene resuelto el tema. “Diría que después de la Maratón Internacional de 1996, poco después de esa carrera me operaron por primera vez la rodilla”. Esto lo dice en un volumen particularmente bajo, pausado, apenas perceptible, casi como si respondiera por telepatía. Se refiere a la II Maratón Internacional de Costa Rica, realizada en diciembre del 96, competencia a la que llegó por la sombra, lejos de la baraja de los favoritos. Pero esa tarde dominical enfriada por los vientos alisios, después de despegarse en los últimos 14 kilómetros de Miguel Ángel Vargas (CR) y Nelson Cabrial (Cuba), Ronald Lanzoni entraba de primero al Estadio Nacional, delante de 342 atletas, cerrando un recorrido de 42 kilómetros y registrando un tiempo de 2 horas 37 minutos y 30 segundos. El rey había vuelto. Pero para despedirse. No lo sabía mientras saludaba al público que lo vitoreaba desde las graderías del antiguo Estadio Nacional, pero esa molestia de la rodilla que lo venía acompañando desde días atrás, se iba a convertir en otra cosa y antes de que se terminara el año iba a someterse a la primera de las tres operaciones de cartílago de rodilla izquierda que suma hasta ahora (la última fue en noviembre del 2006).

Ese fue el principio del fin, un cartílago dañado que lo alejó no del deporte, porque Lanzoni no ha dejado de salir a correr y se le nota, sino de las competencias de alto rendimiento. Se acababa la carrera deportiva que había iniciado por rebote. Era 1976, había Olimpiadas en Montreal y Carlos Alvarado regresaba sin haber terminado la competencia de ciclismo, en las marquesinas internacionales se estrenaban Rocky y Taxi Driver, y aquí el Deportivo Saprissa también era campeón. Ronald Lanzoni, que había pasado su infancia en Barrio Cuba y empezaba la adolescencia en Hatillo, fue invitado a participar en una competencia de atletismo, deporte al que hasta entonces nunca le había prestado mayor atención. Aceptó, entrenó tres días y ganó el segundo lugar. Para fines de 1977 e inicios de 1978 ya se había alzado con el subcampeonato centroamericano de campo traviesa y era campeón juvenil nacional.

Nacido en 1959, nieto de un italiano que vino a trabajar en la construcción del ferrocarril, hijo de un josefino y una bagaceña que se reprodujeron 12 veces, Ronald Lanzoni tuvo el fenotipo y el carácter ideales para convertirse en un corredor de largas distancias. Tenía el physique du rol del corredor de fondo. Y llegó a dominar esa disciplina como pocos costarricenses lo han logrado hacer. Su época se traslapó con la de otro gran nombre del atletismo nacional, Rafael Ángel Pérez, y con él entrenó y compitió por muchos años. No existía aún en el país el calzado deportivo especializado, no había zapatillas descartables por kilometraje, nada de suelas de aire ni de gel, ni Gatorade, ni pulsímetros Polar, nada de pistas sintéticas para los entrenamientos. Hablamos más bien de asfalto, de cafetales y de las mismas tenis todo el año. Sume, por supuesto, 48 horas de jornada laboral por semana. Nos referimos, claro, a los primeros años de su vida de atleta de alto rendimiento, cuando se fue enrumbando hacia las distancias de medio fondo y fondo.

Esa molestia de la rodilla fue el principio del fin del atleta que por casi diez años corrió entre 40 y 45 kilómetros diarios (contando dos sesiones por día). Pero, entre otros, queda esto: Sexto lugar en los 5 mil metros del Mundial de Atletismo en Finlandia (1983), primer lugar en cinco ediciones de la media maratón San Juan (“la San Juan” como la conocen los deportistas), la participación en las olimpiadas de Los Ángeles 84 y Seúl 88, el cuarto lugar en la afamada media maratón de Coamo (Puerto Rico), primer lugar de seis ediciones seguidas (1979-1985) de la media maratón La Gloria (competencia que ganó en 10 oportunidades, ganando además la primera y la última edición), el Campeonato de 20 Km. de West Virginia (EE.UU.) en 1986. Y sus dos mayores logros como maratonista: el undécimo lugar en la maratón de Boston de 1984 (la llamada “maratón para maratonistas” en la que corren, previa clasificación, 22 mil atletas), y la medalla de plata en la maratón de los Juegos Panamericanos de Indianápolis en 1987. Esa fue la segunda medalla “panamericana” en la historia de Costa Rica y la primera individual. En 1951 la selección de futbol había ganado la medalla de plata en los Primeros Juegos Panamericanos en Buenos Aires al perder la final con el equipo argentino. Horas más tarde, ese mismo día, Silvia Poll ganaría el primer oro en panamericanos para el país.

Estamos todavía en la mesa de comedor, en la Escuela Nacional de Policía, lugar de trabajo Ronald Lanzoni. Aquí es el preparador físico de los jóvenes reclutas. Aquí trabaja desde hace 24 años. Entró en 1979 como guardia raso, “cuidaba embajadas, trabajé en caseta, ‘corriendo línea’ con compañero, luego los Carazo me ascendieron a preparador físico. Hace unos años saqué el título universitario en esta profesión”. Dice esto y lo pierdo. Es evidente que sigue allí sentado pero que su cabeza está en otro lugar. De pronto, retomando un tema que habíamos cubierto un rato atrás empieza a relatar un entrenamiento que hizo cuando se preparaba para una maratón. San José – San Ramón, 60 kilómetros. Lo cuenta y los ojos se le van haciendo profundos, parece que ven, no al entrevistador que tiene en frente, ni al nuevo recluta que se sienta en la silla de barbero más atrás, sino el asfalto que se hace líquido en el horizonte de la pista Bernardo Soto. Parece que de pronto está escuchando no los ruidos del transporte público de afuera, ni de la rasuradora del policía-peluquero, sino esos sonidos que llevan al umbral de la meditación al corredor de fondo: la respiración y los latidos del corazón. Un corredor de fondo que se precie no usa audífonos, no necesita música externa, toda carrera o entrenamiento de larga distancia se termina con la mente y la música que la alimenta viene de adentro, no de afuera. Después de “el muro”, todo lo necesario está dentro del fondista.

El mismo año que nació Lanzoni, 1959, un joven escritor inglés, Alan Sillitoe, fue aclamado por la crítica literaria por su primer libro. El título no podía ser más sugestivo, La soledad del corredor de fondo. Este libro poderosísimo, que se ha convertido en un clásico moderno, gira en torno a un protagonista desorientado que encuentra un centro para su vida dedicándose a las carreras de larga distancia. En un pasaje dice esto: “y entonces conocí la soledad que siente el corredor de fondo y me di cuenta que por lo que a mí se refiere esta sensación era lo único honrado y verdadero que hay en el mundo, y comprendí que nunca cambiaría, sin importar para nada lo que sentía en algunos momentos raros, y sin importar tampoco lo que me digan los demás”.

Hace ya rato que nos detuvimos para descansar. Ronald Lanzoni, en cambio, pasó el muro de los 30 kilómetros y sigue con su vida. Reconoce que extraña la época en que sus triunfos acaparaban las portadas de los suplementos deportivos, pero tampoco cuelga las tenis en el gancho de la auto-conmiseración. Todos los días va a su trabajo de preparador físico, pero todos los días, también, sale a correr porque retirarse del alto rendimiento no tiene nada que ver con abandonar una forma de vida. Dueño de las madrugadas, avanza cada kilómetro solo con sus pensamientos y, como si tuviera audífonos imaginarios, va escuchando esa música interna que impulsa a los corredores de fondo. Ahora la línea de meta, como la música, la lleva adentro.

(vuelve)

(publicado en SOHO 22)
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9 comentarios:

Anónimo dijo...

Un señor artículo, el corredor a quien está dedicado debería regalarle una medalla al autor. Lo felicito, saludos

FSZ

Anónimo dijo...

Hola, soy de Guatemala y mi padre tuvo el gusto de competir contra este señor del atletismo. Siempre que recordamos esos tiempos lo mencionamos... mynorvherrera@yahoo.com

Hanzel Lanzoni dijo...

Hola, tengo la dicha de ser sobrino de este gran atleta, Dio mucho por Costa RIca y siempe estaremos orgullosos de él.

Jeiven dijo...

Muy buen articulo, yo creci escuchando el nombre de tan afamado fondista...Recuerdo que cuando pequeños jugamos a ser Ronald Lanzoni !!!

Anónimo dijo...

Mi nombre es Raúl Gallardo, tengo el privilegio de conocer a Ronald, entrené en una ocasión con él. Soy panameño, en 1983 y 1984 corrí La San juan de Tibas. Ronald es un super atleta, deberían realizar una carrera en su nombre o hacerle una estatua.

Mario Gonzalez dijo...

Mi nombre es Mario González, tengo el honor de ser companero de trabajo del senor Lanzoni, esto en la Escuela Nacional de Policia, mis respetos para un atleta de esa indole y para un gran ser humano, puedo dar fe que pese a sus tres operaciones de rodilla, sigue siendo grande en lo que mejor hace, correr, saludos ZONI

Gerald dijo...

Yo tuve la oportunidad de hacer la prueba física y nunca me imagine poderme encontrar con ese magnífico señor mis respetos para el.

Anónimo dijo...

Records de Lanzoni. San Juan en 59,53. Gano 10 veces la durisima La Gloria. Gano Elbys Race en USA. Onceavo lugar en Maraton de Boston.Sexto lugar en 5kms Mundial de Finlandia. Medalla de Plata en Maraton de Panamericanos. Tuvo el record centroamericano de Maraton con 2.14. Cuarto lugar en la famosa Coamo ante los mejores del mundo.Fue un atleta de grandes atributos tecnicos, un gran estilista.

siglo 11 dijo...

Hablar de Lanzoni, es hablar de uno de los tres mejores atletas de Costa Rica de la historia, junto a Perez y Molina. De hecho, fue Lanzoni quien junto con Rafael Angel Perez, demostro durante una decada, de 1980 a 1990, el arte del talento puro en las batallas pedestres. Otros tuvieron fuerza y se les veia el esfuerzo al correr, pero Lanzoni era puro talento, dueño quizas, del mejor gesto tecnico de toda Centroamerica.