10/27/2008

soda el parque

por Luis Chaves

1. Cada tanto hay un bache de silencio. Como una pausa sincronizada del chillido demencial de los pericos del parque, los pitos de taxistas, los galillos de vendedores ambulantes. Entonces, si uno presta atención, si afina el oído, los escucha. Ese que suena ahora es el de Sabana-Cementerio reaccionando a la luz verde del semáforo en Avenida Segunda. Ese otro es el de San Rafael Arriba, compresionando antes de la parada en la esquina de avenida 6 y calle 2.

2. Estamos en la Soda El Parque, 50 al sur de la esquina suroeste del Parque Central. Estamos en calle 2, entre avenidas 4 y 6. Menos que el centro neurálgico de San José, este es el corazón. En el futuro lejano, con todo lo que logren desenterrar en esta zona precisa del planeta, armarán el esqueleto de un animal extinto al que llamaban clase media.

3. Junto a Chelles y La Chavelona, Soda El Parque forma la santísima trinidad de los restobares clásicos de la capital. Derribados por el efecto dominó de malas administraciones, movilidad social hacia abajo, éxodo de residentes del centro de San José, han ido desapareciendo otros integrantes de un club que tuvo su época de oro en los años 70 (La Perla, El Imán, la Soda Palace).

4. Francisco don Pancho Flores la abrió en 1962, en un pequeño local justo al frente del actual, al que se mudaron en 1968. En esa cuadra había una gasolinera y el Garaje Moderno, precursor de los taxis (“Pídame un carro en el Garaje Moderno”, se decía). En la esquina estaba el Tribunal Supremo de Elecciones. Entonces en el menú decía “café ¢0,35 / gallo de salchichón ¢0,75 / fresco de crema ¢0,75 / ensalada de frutas ¢1,25”.

5. Al frente está la academia de belleza Yunis, La Bobina (máquinas de coser y accesorios), la pastelería Genovesa, más allá el night club Flamingo (antiguo bar Jeanette). Cerca de la esquina hay carnicerías con pizarras donde se lee CADERAS DE POLLO, ½ GALLINA. Sobre los adoquines del bulevar (o paseo, como le deberíamos llamar en castellano correcto) los vendedores ambulantes, esos hijos abusados de la lógica de mercado, ofrecen desde culantro hasta fajas, discos o películas.

6. Con eco de mito, se ha dicho siempre que nuestra capital fue una de las primeras ciudades con electrificación en el mundo. Una cosa es cierta, San José debe ser la capital que más temprano apaga las luces. Pero está la Soda El Parque que desde 1973 abre las 24 horas o, lo que es lo mismo, no cierra.

7. La Soda El Parque tiene un ritmo vital orgánico, va cambiando con el paso de las horas, de forma natural. De día es un restaurante que el mismo Pancho Flores define como “de ambiente familiar”. De noche pasan a calentar motores los que van a terminar en otro sitio. Al filo de la madrugada, es como una pala gigante: recoge lo que va quedando de la noche josefina. Se juntan para el “gallito antes de dormir” los que, ya sea bajo protesta o cabizbajos y resignados, dan la noche por terminada.

8. En 1978 se transmitió la primera edición de Sensación Deportiva desde una de sus mesas. Hoy es el programa de mayor audiencia radiofónica en su segmento. Por allí han desfilado todos los personajes del periodismo deportivo criollo. Y sus amigos. Y los amigos de los amigos. Este año se colocó una placa conmemorativa por los 30 años de transmisión del programa. Muy cerca de donde empieza el espejo que recorre las paredes sur y oeste del local. Muy cerca de las letras que, en neón celeste, anuncian CEVICHE CHICHARRÓN Y CORVINA.

9. A la Soda El Parque llega gente de todo lado a probar el legendario sandwich Lápiz Especial o ese elíxir resucitador que es la sopa negra (se necesitan 40 paquetes de frijoles semanales para satisfacer la demanda).

10. Con 46 años de inaugurada, y con una periodo de oro en la bohemia y el pulso vital capitalino de los 70 y 80, por esta soda han pasado los integrantes de La Billo’s Caracas Boys (en lo que se dice que fue el primer concierto improvisado en Costa Rica), El Gran Combo, la Sonora Santanera, Gloria Trevi, Luisito Rey, Ray Tico. Lo mismo que políticos, cuando la gente todavía les creía, Carazo, Monge, Figueres, Calderón, Rodríguez, para nombrar algunos.

11. El local es amplio: mesas con manteles blancos protegidos por cuadrados de vidrio; rodeando las mesas, sillas estilo institución-pública-setentista; del lado de la ventana, un par de mesas altas en concreto y cerámica. En el baño de hombres, el secador de manos está empotrado a casi dos metros de altura. Es como una ducha de aire.

12. El frente no tiene pared o, mejor dicho, la pared es un ventanal que da al bulevar. Sentado en la soda se ve pasar esa muestra de trabajadores, estudiantes, desempleados, saprissistas, liguistas, creyentes, engañados, igualados, tímidos, esquivos que, convertidos en puntos y colocados en una estructura helicoidal, forman el mapa del genoma del tico. Entonces, en horas pico, la soda llena, la calle hormigueante, si uno mira bien se da cuenta de que los espejos de adentro son ventanas. Y el ventanal, un espejo.

(vuelve)

(pubicado en SoHo 26)

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4 comentarios:

Asterión dijo...

Podrían pasar dos cosas: que algunos de tus textos sean usados como "libros de historia" en ese futuro que mencionás; o que los futuros historiadores los usen como fuentes primarias y secundarias para estudiar una "peculiar urbe" tica (y hasta se llenarán la boca diciendo que una cosa es la literatura y otra la historia, jaja).

El "problema josefino" ha sido (al menos hasta los últimos años), justamente, carcer de una mitología fundante, es decir, un correlato literario.

Saludos.

Miguel dijo...

Realmente aveces los ventanales son espejos de lo que aveces parecemos olvidar.

Y frecuentemente son como post-its de la vida, recordandonos que seguimos igual, de engañados.

Gracias por el postaso Luis!

esteban dijo...

linda chaves!!! el final está solito.

tetrabrik dijo...

asterión, miguel, esteban, gracias por passar.