7/10/2008

vallejo vs betancourt

04 Julio.- El polémico escritor colombiano Fernando Vallejo considera "escandalosa" la atención que se presta a la liberación de Ingrid Betancourt, en comparación con el a su juicio escaso interés que despiertan otros rehenes de las FARC.

"Han sido secuestrados millares a lo largo de los años, ahora mismo varias centenas están sufriendo en poder de la FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero sólo se habla de ella", dijo Vallejo en declaraciones publicadas hoy por Folha de Sao Paulo.

El escritor, que participa en un encuentro literario en la ciudad brasileña de Paraty, opina además que la ex candidata presidencial colombiana, rescatada el pasado miércoles por el Ejército junto a otros 14 secuestrados, es "manipuladora", "bellaca" y "horrible", entre otros epítetos.

"Es escandaloso el espacio que están dando para la liberación de Ingrid Betancourt", añadió el polémico autor de "La Virgen de los sicarios" y "El despeñadero", que es uno de los participantes en la Sexta Fiesta Literaria Internacional de Paraty.

Vallejo, quien vive en México desde 1971 y se naturalizó ciudadano de ese país en 2007, calificó a Betancourt como una mujer ambiciosa y la acusó de provocar su propio secuestro en 2002 como una forma de promoción política.

"Ella y su asesora y compañera de aventuras Clara Rojas son los únicos políticos que actuaron para ser secuestrados", afirmó.

Betancourt y su jefa de campaña, Rojas, liberada por las FARC en enero pasado, fueron secuestradas en 2002 cuando entraron en una zona controlada por las FARC en San Vicente del Caguán (sur de Colombia).

En esa zona desmilitarizada se habían llevado a cabo las fracasadas negociaciones de paz entre el principal grupo guerrillero colombiano y el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana.

Vallejo, ganador del Premio Rómulo Gallegos en 2003, se declaró "indignado" con la consternación provocada dentro y fuera de Colombia por la situación de Betancourt, quien pasó más de seis años en poder de sus captores.

"Han sido secuestrados millares a lo largo de los años, ahora mismo varias centenas están sufriendo en poder de la FARC, pero sólo se habla de ella", se quejó.

También dijo que no sería extraño que la ex senadora se lance como candidata las elecciones presidenciales colombianas de 2010 y que en ese escenario ella tiene grandes posibilidades de ganar.

"El pueblo colombiano es tan ignorante que hasta puede elegirla. Pero ella es francesa, tiene doble ciudadanía. ¿Por qué escogió hacer política y competir por las elecciones en Colombia, por qué no compite en Francia contra Nicolás Sarkozy?" se preguntó.

Al mostrar su escepticismo acerca de la situación actual y el futuro de su país de origen, Vallejo afirmó que las FARC, junto con la Iglesia católica y el presidente Álvaro Uribe, son "la principal plaga de Colombia".

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la paz romana

por Fidel Castro

Los datos que utilizo fueron tomados fundamentalmente de las declaraciones del embajador de Estados Unidos en Colombia, William Brownfield, la prensa y la televisión de ese país, la prensa internacional y otras fuentes. Impresiona el derroche de tecnología y recursos económicos utilizados.

Mientras los altos jefes militares de Colombia se esmeraban en señalar que la operación de rescate de Ingrid Betancourt fue enteramente colombiana, las autoridades de Estados Unidos declaran que “fue el resultado de años de intensa cooperación militar entre los ejércitos de Colombia y Estados Unidos.”

“‛La verdad es que hemos logrado compaginarnos de una manera que pocas veces hemos logrado en Estados Unidos, excepto con nuestros viejos aliados, principalmente de la OTAN’, señaló Brownfield, refiriéndose a las relaciones con las fuerzas de seguridad colombianas, que han recibido más de 4 000 millones de dólares en asistencia militar desde el 2000.”
“…en varias ocasiones el gobierno de Estados Unidos tuvo que tomar decisiones en sus más altos niveles para la operación.

“Los satélites espías estadounidenses ayudaron a ubicar a los rehenes durante un período de un mes que comenzó el 31 de mayo y concluyó con el rescate del miércoles.”

“Los colombianos instalaron equipos de vigilancia de video, proporcionados por Estados Unidos, que pueden hacer acercamientos y tomas panorámicas operadas a control remoto a lo largo de ríos que son la única ruta de transporte a través de densas zonas selváticas, indicaron autoridades colombianas y estadounidenses.

“Aviones norteamericanos de reconocimiento interceptaron conversaciones por radio y teléfono satelital de los rebeldes y emplearon imágenes que pueden penetrar el follaje de la selva.”

“‛El desertor recibirá una suma considerable de los cerca de cien millones de dólares que el gobierno había ofrecido como recompensa’, declaró el Comandante General del ejército colombiano.”

El miércoles 1º de julio, la BBC de Londres publicó que César Mauricio Velásquez, secretario de prensa de la Casa de Nariño informó que delegados de Francia y Suiza se habían reunido con Alfonso Cano, jefe de las FARC.

Según BBC, este sería el primer contacto que el nuevo jefe aceptaba con delegados internacionales después de la muerte de Manuel Marulanda. La falsa información sobre la reunión de dos emisarios europeos con Cano había sido transmitida desde Bogotá.

El fallecido líder de las FARC nació el 12 de mayo de 1932, según el testimonio de su padre. Campesino liberal de origen pobre, partidario de Gaitán, inició su resistencia armada hace 60 años. Fue guerrillero antes que nosotros, como reacción ante las matanzas de campesinos perpetradas por la oligarquía.

El Partido Comunista ―donde ingresó más tarde―, como todos los de América Latina, estaba bajo la influencia del Partido Comunista de la URSS y no del de Cuba. Eran solidarios con nuestra Revolución pero no subordinados.

Fueron los narcotraficantes y no las FARC quienes desataron el terror en ese hermano país en sus pugnas por el mercado de Estados Unidos haciendo estallar no sólo potentes bombas, sino incluso camiones cargados de explosivos plásticos que destruyeron instalaciones, hirieron o mataron a incontables personas.

Nunca el Partido Comunista de Colombia se propuso conquistar el poder con las armas. La guerrilla era un frente de resistencia, no el instrumento fundamental de la conquista del poder revolucionario, como ocurrió en Cuba. En el año 1993, en la octava conferencia de las FARC, se decide romper con el Partido Comunista. Su jefe, Manuel Marulanda, asumió la dirección de las guerrillas de ese Partido, que siempre se distinguieron por un hermético sectarismo en la admisión de combatientes y los métodos férreos y compartimentados de mando.

Marulanda, de notable inteligencia natural y dotes de dirigente, no tuvo en cambio oportunidades de estudio cuando era adolescente. Se dice que pudo cursar sólo hasta el 5to grado. Concebía una larga y prolongada lucha, un punto de vista que yo no compartía. Nunca tuve posibilidad de intercambiar con él.

Las FARC alcanzaron considerable fuerza y llegaron a sobrepasar los 10 mil combatientes. Muchos nacieron durante la propia guerra y no conocían otra cosa. Otras organizaciones de izquierda rivalizaron con las FARC en la lucha. Ya entonces el territorio colombiano se había convertido en la más grande fuente de producción de cocaína del mundo. La violencia extrema, los secuestros, los impuestos y exigencias a los productores de drogas se generalizaron.
Las fuerzas paramilitares, armadas por la oligarquía, cuyos efectivos se nutrían del enorme caudal de hombres que prestaban servicios en las fuerzas armadas del país y eran desmovilizados cada año sin empleo asegurado, crearon en Colombia una situación tan compleja que sólo había una salida: la verdadera paz, aunque lejana y difícil como otras muchas metas de la humanidad. La opción que durante tres décadas Cuba ha defendido en esa nación.

Mientras los periodistas cubanos discuten en su VIII Congreso las nuevas tecnologías de la información, los principios y la ética de los comunicadores sociales, yo meditaba sobre los acontecimientos señalados.

Expresé con claridad nuestra posición en favor de la paz en Colombia, pero no estamos a favor de la intervención militar extranjera ni con la política de fuerza que Estados Unidos pretende imponer a toda costa y a cualquier precio a ese sufrido y laborioso pueblo.

Critiqué con energía y franqueza los métodos objetivamente crueles del secuestro y la retención de prisioneros en las condiciones de la selva. Pero no estoy sugiriendo a nadie que deponga las armas, si en los últimos 50 años los que lo hicieron no sobrevivieron a la paz. Si algo me atrevo a sugerir a los guerrilleros de las FARC es simplemente que declaren por cualquier vía a la Cruz Roja internacional la disposición de poner en libertad a los secuestrados y prisioneros que aún estén en su poder, sin condición alguna. No pretendo que se me escuche; cumplo el deber de expresar lo que pienso. Cualquier otra conducta serviría sólo para premiar la deslealtad y la traición.

Nunca apoyaré la paz romana que el imperio pretende imponer en América Latina.

Julio 5 de 2008
8 y 12 p.m.

qué fue de ronald lanzoni

por Luis Chaves (viene)
Este artículo comienza en el kilómetro 30. Los corredores de maratón saben muy bien de qué se trata, a este punto de la carrera se le conoce como “el muro”. Se dice que si uno logra superarlo, termina la carrera; si afloja para descansar un poco, allí se queda. Este artículo empieza, entonces, donde muchos bajan la cabeza, donde los que siguen lo hacen impulsados menos por los pies que por la mente.

Estamos en la sede de la Escuela Nacional de Policía, en Barrio Naciones Unidas (frente al Centro Comercial del Sur), afuera de las aulas, decenas de jóvenes, casi todos hombres, en actitud- recreo. Ronald Lanzoni aparece de pronto en la boca de un pasillo más largo que ancho, después de abrirse paso entre los muchachos que poco o nada deben saber de su expediente deportivo. Es de complexión delgada, de huesos pequeños, lo que llaman una persona menuda. Además, para quienes lo vimos siempre en indumentaria deportiva, vestido de civil parece más bajo.

Más allá, en una silla de barbería frente a un espejo desproporcionadamente pequeño, le pasan la cero a un nuevo recluta. En el otro extremo de un planché bajo techo, sentados en una mesa de comedor de familia promedio, empezamos por el final: ¿Cuándo se retiró del atletismo?

Lanzoni apechuga la pregunta, se ve que no tiene resuelto el tema. “Diría que después de la Maratón Internacional de 1996, poco después de esa carrera me operaron por primera vez la rodilla”. Esto lo dice en un volumen particularmente bajo, pausado, apenas perceptible, casi como si respondiera por telepatía. Se refiere a la II Maratón Internacional de Costa Rica, realizada en diciembre del 96, competencia a la que llegó por la sombra, lejos de la baraja de los favoritos. Pero esa tarde dominical enfriada por los vientos alisios, después de despegarse en los últimos 14 kilómetros de Miguel Ángel Vargas (CR) y Nelson Cabrial (Cuba), Ronald Lanzoni entraba de primero al Estadio Nacional, delante de 342 atletas, cerrando un recorrido de 42 kilómetros y registrando un tiempo de 2 horas 37 minutos y 30 segundos. El rey había vuelto. Pero para despedirse. No lo sabía mientras saludaba al público que lo vitoreaba desde las graderías del antiguo Estadio Nacional, pero esa molestia de la rodilla que lo venía acompañando desde días atrás, se iba a convertir en otra cosa y antes de que se terminara el año iba a someterse a la primera de las tres operaciones de cartílago de rodilla izquierda que suma hasta ahora (la última fue en noviembre del 2006).

Ese fue el principio del fin, un cartílago dañado que lo alejó no del deporte, porque Lanzoni no ha dejado de salir a correr y se le nota, sino de las competencias de alto rendimiento. Se acababa la carrera deportiva que había iniciado por rebote. Era 1976, había Olimpiadas en Montreal y Carlos Alvarado regresaba sin haber terminado la competencia de ciclismo, en las marquesinas internacionales se estrenaban Rocky y Taxi Driver, y aquí el Deportivo Saprissa también era campeón. Ronald Lanzoni, que había pasado su infancia en Barrio Cuba y empezaba la adolescencia en Hatillo, fue invitado a participar en una competencia de atletismo, deporte al que hasta entonces nunca le había prestado mayor atención. Aceptó, entrenó tres días y ganó el segundo lugar. Para fines de 1977 e inicios de 1978 ya se había alzado con el subcampeonato centroamericano de campo traviesa y era campeón juvenil nacional.

Nacido en 1959, nieto de un italiano que vino a trabajar en la construcción del ferrocarril, hijo de un josefino y una bagaceña que se reprodujeron 12 veces, Ronald Lanzoni tuvo el fenotipo y el carácter ideales para convertirse en un corredor de largas distancias. Tenía el physique du rol del corredor de fondo. Y llegó a dominar esa disciplina como pocos costarricenses lo han logrado hacer. Su época se traslapó con la de otro gran nombre del atletismo nacional, Rafael Ángel Pérez, y con él entrenó y compitió por muchos años. No existía aún en el país el calzado deportivo especializado, no había zapatillas descartables por kilometraje, nada de suelas de aire ni de gel, ni Gatorade, ni pulsímetros Polar, nada de pistas sintéticas para los entrenamientos. Hablamos más bien de asfalto, de cafetales y de las mismas tenis todo el año. Sume, por supuesto, 48 horas de jornada laboral por semana. Nos referimos, claro, a los primeros años de su vida de atleta de alto rendimiento, cuando se fue enrumbando hacia las distancias de medio fondo y fondo.

Esa molestia de la rodilla fue el principio del fin del atleta que por casi diez años corrió entre 40 y 45 kilómetros diarios (contando dos sesiones por día). Pero, entre otros, queda esto: Sexto lugar en los 5 mil metros del Mundial de Atletismo en Finlandia (1983), primer lugar en cinco ediciones de la media maratón San Juan (“la San Juan” como la conocen los deportistas), la participación en las olimpiadas de Los Ángeles 84 y Seúl 88, el cuarto lugar en la afamada media maratón de Coamo (Puerto Rico), primer lugar de seis ediciones seguidas (1979-1985) de la media maratón La Gloria (competencia que ganó en 10 oportunidades, ganando además la primera y la última edición), el Campeonato de 20 Km. de West Virginia (EE.UU.) en 1986. Y sus dos mayores logros como maratonista: el undécimo lugar en la maratón de Boston de 1984 (la llamada “maratón para maratonistas” en la que corren, previa clasificación, 22 mil atletas), y la medalla de plata en la maratón de los Juegos Panamericanos de Indianápolis en 1987. Esa fue la segunda medalla “panamericana” en la historia de Costa Rica y la primera individual. En 1951 la selección de futbol había ganado la medalla de plata en los Primeros Juegos Panamericanos en Buenos Aires al perder la final con el equipo argentino. Horas más tarde, ese mismo día, Silvia Poll ganaría el primer oro en panamericanos para el país.

Estamos todavía en la mesa de comedor, en la Escuela Nacional de Policía, lugar de trabajo Ronald Lanzoni. Aquí es el preparador físico de los jóvenes reclutas. Aquí trabaja desde hace 24 años. Entró en 1979 como guardia raso, “cuidaba embajadas, trabajé en caseta, ‘corriendo línea’ con compañero, luego los Carazo me ascendieron a preparador físico. Hace unos años saqué el título universitario en esta profesión”. Dice esto y lo pierdo. Es evidente que sigue allí sentado pero que su cabeza está en otro lugar. De pronto, retomando un tema que habíamos cubierto un rato atrás empieza a relatar un entrenamiento que hizo cuando se preparaba para una maratón. San José – San Ramón, 60 kilómetros. Lo cuenta y los ojos se le van haciendo profundos, parece que ven, no al entrevistador que tiene en frente, ni al nuevo recluta que se sienta en la silla de barbero más atrás, sino el asfalto que se hace líquido en el horizonte de la pista Bernardo Soto. Parece que de pronto está escuchando no los ruidos del transporte público de afuera, ni de la rasuradora del policía-peluquero, sino esos sonidos que llevan al umbral de la meditación al corredor de fondo: la respiración y los latidos del corazón. Un corredor de fondo que se precie no usa audífonos, no necesita música externa, toda carrera o entrenamiento de larga distancia se termina con la mente y la música que la alimenta viene de adentro, no de afuera. Después de “el muro”, todo lo necesario está dentro del fondista.

El mismo año que nació Lanzoni, 1959, un joven escritor inglés, Alan Sillitoe, fue aclamado por la crítica literaria por su primer libro. El título no podía ser más sugestivo, La soledad del corredor de fondo. Este libro poderosísimo, que se ha convertido en un clásico moderno, gira en torno a un protagonista desorientado que encuentra un centro para su vida dedicándose a las carreras de larga distancia. En un pasaje dice esto: “y entonces conocí la soledad que siente el corredor de fondo y me di cuenta que por lo que a mí se refiere esta sensación era lo único honrado y verdadero que hay en el mundo, y comprendí que nunca cambiaría, sin importar para nada lo que sentía en algunos momentos raros, y sin importar tampoco lo que me digan los demás”.

Hace ya rato que nos detuvimos para descansar. Ronald Lanzoni, en cambio, pasó el muro de los 30 kilómetros y sigue con su vida. Reconoce que extraña la época en que sus triunfos acaparaban las portadas de los suplementos deportivos, pero tampoco cuelga las tenis en el gancho de la auto-conmiseración. Todos los días va a su trabajo de preparador físico, pero todos los días, también, sale a correr porque retirarse del alto rendimiento no tiene nada que ver con abandonar una forma de vida. Dueño de las madrugadas, avanza cada kilómetro solo con sus pensamientos y, como si tuviera audífonos imaginarios, va escuchando esa música interna que impulsa a los corredores de fondo. Ahora la línea de meta, como la música, la lleva adentro.

(vuelve)

(publicado en SOHO 22)
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