Recordemos que la doctrina religiosa es introducida desde la tierna infancia, apelando a emociones elementales y el principio de jerarquía, dificultando al neocórtex cerebral analizar con verdadera libertad racional. La política también opera -a veces- en estas coordenadas de pasión y dogma... por eso es sano tener ambos dispositivos independientes entre sí.
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