12/10/2012

mil perdones / catalina murillo - columna censurada

La columna del post anterior de la sección La Calumnista de Catalina Murillo fue censurada recientemente en la revista SoHo, días después de que el diputado arista Víquez se sintiera ofendido. Se publicó en la edición impresa y luego se bajó de la digital. Esta que sigue, "Mil perdones" fue directamente censurada, la dejaron por fuera de ambas ediciones. 

MIL PERDONES 

Por Catalina Murillo


Ha llegado diciembre, mes del amor, de la paz, del perdón y las sonrisas de los niños y las niñas del mundo, sea cual sea su origen, raza o clase social. Así que aquí vengo a pedir perdón por mi anterior Calumnia, “Todos somos Pequis”, publicada hace dos meses. Dicha columna me valió dos denuncias formales, una de ellas ante el Tribunal de la Haya; dos emails anónimos de cariz insultante; una llamada obscena y una carta enviada al periódico La Nación (/2012), además miles de aplausos, risas y encomios, por los cuales también quiero disculparme.
¡Cuánta razón tenía uno de mis antecesores en esta columna, Manfred Bogarín! Decía: “Es mejor pedirle perdón a un crápula cualquiera que pedirle clemencia a un juez… cualquiera”. Bogarín se libró de ir a la cárcel porque en pleno juicio contra los hermanos Arias les pidió perdón hasta a los retratos de las paredes. En su columna llamada Despedida (diciembre 2010) explica la ironía que lo hizo quedarse calvo en 24 horas.
Así que allá voy, en orden aleatorio de importancia, empiezo por pedirle perdón públicamente a Ángela Merkel. Según dice la demanda, acusé a la Canciller alemana “jocosamente” de nazi racista. (La propia demanda dice eso de “jocosamente”, al parecer si la hubiera acusado en serio no habría habido problema). Puse en la Calumnia que allá por agosto Merkel ordenó que nos sellaran el pasaporte a los sudacas nacionalizados españoles, como indicativo de que somos europeos espurios. En el juicio rápido que se celebró hace dos semanas, argumenté en mi defensa que yo no sabía que las películas de nazis estaban basadas en hechos reales. Silencio en la Corte… Fui absuelta.
Procedo ahora a pedir disculpas a doña Laura Chichilla, presidenta de Costa Rica, por siquiera haber prestado oídos al vil rumor de que se iba a dejar fotografiar desnuda, y me recomienda mi abogado que exprese, además, que dar crédito a semejante cuento no deja de tener un lado lisonjeador. Vamos, que esa foto yo no la veía impensable.
Siguiendo con este via crucis (qué difícil es pedir perdón) voy ahora con la exviceministra de juventud, la tan llevada y traída Bolaños, y reitero públicamente lo que he dicho ya en la intimidad: yo escribo en esta revista SoHo porque no me pagarían ni un cinco por salir toda natural en la portada. Si la madre Naturaleza no hubiera sido tan ingrata conmigo, yo sería mejor persona. Las feas somos muy rencorosas. Eso de que “la suerte de la fea la bonita la desea” lo inventó alguna virgen para consolarse y es tan falso como eso de que los ricos no entrarán en el Reino de los Cielos. A esta muchacha Bolaños se puede decir que básicamente le tengo envidia: dicen que no hay pasión más grande para una mujer que la de poner unos buenos cuernos.
Y así llegamos a mi tercera disculpa, con un tal señor Víquez que tiene toda la razón, señor Juez, conste en actas: Víquez y servidora no se conocen de nada, nunca se han visto a la cara, nunca se encontraron en Madrid ni compartieron una botella de vino, afortunadamente para él, he de decir, porque como saben los quiméricos lectores de mi novela Marzo todopoderoso, a mí los gordos me chiflan, por decirlo finamente. Y las feas, cuando “echamos el caballo” no le damos besitos en ropa interior a una almohada… Las feas vamos a la yugular, porque no tenemos segundas oportunidades.
A pesar de que en mi anterior Calumnia no dije su nombre ni usé palabras soeces u ofensivas, Víquez se dio a la vez por aludido y ofendido, supongo que por aquello de “el Hombre de la Cornucopia”. A este respecto yo quiero recordar a los maridos costarricenses el sabio proverbio vikingo que reza: “Un hombre sin cuernos es un hombre indefenso”. Como bufona profesional acepto que llamar cornudo a un cornudo no es un chiste (es incluso una pifia) pero mucho menos una injuria. El sangrante agravio a Víquez -creo yo- lo hace Bolaños cuando dice en la entrevista que el chantajista le dio como mujer lo que nunca le dieron ni Pequis ni su marido. Ay. Eso sí duele, ¿no? Ahora bien, tomando en cuenta que al parecer la fogosa Bolaños cobró 200 mil euros por la entrevista y por la fotos, yo que Víquez consideraría la posibilidad de exigirle una indemnización por daños morales. Pero esos son procedimientos de gente decente, que yo ignoro.
Mi último perdón/aclaración es con el bar Baco & Beto. Siendo esta una columna llamada Calumnia, todos los lectores (salvo Víquez) consideran falso lo dicho aquí, así que interpretaron como sarcasmo la única verdad que dije: Baco & Beto es una de las más exquisitas tabernas de Madrid.

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